El agua fluye en la dirección del poder

En la actualidad, en muchos lugares del mundo, pero particularmente en los países andinos, somos testigos de la explosión creciente de conflictos en torno al acceso, los derechos de uso y la distribución de los recursos hídricos. Como era de esperarse, estos conflictos se desarrollan en un marco de evidentes asimetrías de poder e influencia entre nuevos actores económicos de envergadura por un lado, y los pobladores rurales y urbanos de menos recursos, por otro.

Los cambios en la economía nacional y consecuentemente, en la estructura agraria, los procesos de reforma hídrica, la modernización de la legislación sobre los recursos naturales y la gestión ambiental, en función de las exigencias de un mercado globalizado y de libre comercio, la apertura a las empresas y al capital financiera internacional, así como las políticas públicas coherentes con esta perspectiva; han generado procesos de cambio en cuanto al acceso y los derechos al agua. Este nuevo escenario permite entonces que nuevos grupos de interés –grandes centros urbanos, empresas agro-exportadoras, industriales, mineras y energéticas, entre otros–, logren satisfacer su demanda creciente por el agua disponible, a partir de extraerla de los territorios ocupados por poblaciones indígenas y campesinas, ignorando frecuentemente los derechos y arreglos locales, que han priorizado históricamente usos distintos para este recurso, acorde a los diversos sistemas de vida y culturas locales.

No estamos pues, tan solo, frente a un proceso de acumulación de nuevos derechos de agua por nuevos intereses económicos-financieros; sino sobre todo frente al despojo del acceso al agua de los grupos poblacionales más marginados y pobres, y que se encuentran además, entre los más vulnerables frente al cambio climático, la disminución de la seguridad alimentaria y el deterioro ambiental de los ecosistemas.

Asimismo, se hace cada vez más evidente la crisis de un modelo hegemónico de desarrollo que, en términos generales, persigue objetivos etnocéntricos y que, por tanto, solo concibe un papel subalterno para las poblaciones culturalmente distintas. Los límites de este modelo de desarrollo se hacen más evidentes ahora que el conflicto cultural se manifiesta en una nueva dimensión: la ocupación y producción del territorio que incluye un conflicto ambiental. Por un lado, las industrias extractivas, interesadas en la explotación de recursos naturales para el mercado internacional y la acumulación de capital, buscan legitimar su presencia en los territorios culturalmente indígenas a través de la existencia de un marco legal favorable a sus intereses.

Por otro lado, la población culturalmente indígena y campesina, altamente dependiente de las condiciones ambientales de los ecosistemas y de los recursos naturales disponibles en sus territorios, cuyo uso ha venido siendo organizado bajo normas y acuerdos que gozan de una profundidad histórica significativa, buscan mantener y defender esa forma de ocupar del territorio para garantizar su reproducción material, social y cultural.

Por otra parte, hasta ahora, más allá de la protesta, no ha sido frecuente la discusión sobre otras opciones de políticas que permitan una gobernabilidad hídrica más justa y democrática, con equidad social y ambiental, tal como este nuevo momento histórico lo requiere.

En respuesta a esta situación crítica, es que proponemos el curso-taller “Justicia Hídrica”. Se pretende así acercar las aproximaciones teóricas recientes más relevantes, casos y experiencias concretas sobre esta temática, a los principales actores sociales implicados en la gestión del agua en Bolivia, Ecuador y Perú. Con este objetivo, se ofrece una oportunidad de capacitación profesional en temas de acumulación de derechos de agua y de análisis de los conflictos hídricos.

En este curso se analizará, junto a investigadores de prestigio mundial en esta temática, algunos casos de conflictos sobre el derecho de uso, la distribución y la gobernabilidad del agua en diferentes países; buscando así generar nuevos elementos que permitan a los involucrados en la gestión del agua, responder adecuadamente a los nuevos retos para el futuro.